CORAZON TAPALPENSE
Esta es la historia de Sergio Goméz, alias Cheko. Quien desde 1999 ha ido picando piedra en un pueblo en la montaña. Hoy hizo familia por la sierra y todos son un ejemplo de vida y emprendimiento para los tapalpenes. Dando no solamente trabajo a personas del pueblo, sino aportando su carisma y corazón a quien le trata y llega a sus multiples negocios.
Todo comenzo en el 1999.
La historia de Cheko y su sueño en Tapalpa
En Tapalpa, donde la neblina acaricia las montañas al amanecer, hay un hombre cuyo nombre ya forma parte de la memoria del pueblo: Sergio Gómez Navarro, aunque todos lo conocen como Cheko. Hoy, quienes caminan por el centro saben que su café–restaurante es uno de los lugares más entrañables para disfrutar de un buen servicio y una ubicación privilegiada. Pero pocos conocen el origen de esta historia, tejida con paciencia, esfuerzo y amor desde finales del siglo pasado.
Corría el año de 1999 cuando Cheko, con su melena larga y espíritu libre, llegó a Tapalpa junto a Karina, su compañera de vida. No traían más que sus manos creadoras y un sueño de pertenecer. Entre la plaza y el murmullo de los visitantes, comenzaron extendiendo su arte en el suelo, como artesanos que sembraban semillas de colores y texturas. En aquellos tiempos, no era sencillo ser recibido: los prejuicios hacia los artesanos eran fuertes, y más aún si se llevaba la marca de la libertad hippie en la frente. Pero el carisma de Cheko, su sonrisa franca y su voluntad inquebrantable, terminaron por abrir puertas.
Con el tiempo, ese espacio en el suelo se transformó en una tienda. Después, en una dulcería donde nacieron los famosos ponches locos, combinaciones inesperadas que desafiaban el paladar y conquistaban corazones: como el mítico ponche de Taimarindo, mezcla de jamaica y tamarindo que hasta hoy sigue siendo un símbolo de su creatividad.
Así, paso a paso, local tras local, fueron tejiendo un legado. A la dulcería siguió la venta de artesanías, camisetas y recuerdos que guardaban la esencia del pueblo. Luego vino el café, el aroma que acompañaba cada conversación y cada encuentro. Y en paralelo, la vida floreció: tres hijos nacidos y criados en Tapalpa, formados en la libertad del pensamiento y con el mismo espíritu emprendedor que sus padres.
Finalmente, el destino los condujo al sueño mayor: un restaurante donde convergen la buena mesa, la calidez del servicio y la alegría de compartir. Así nació El Monchis Restaurante, un rincón donde cada platillo es preparado con dedicación, cada bebida caliente es un abrazo, y cada mesa es una invitación a la compañía y al amor.
Hoy, El Monchis es uno de los mejores lugares para traer a tu familia, a tus amigos, a tu pareja, o simplemente a ti mismo. Porque más que un restaurante, es un hogar abierto donde siempre te recibe Cheko con buen humor —ese hombre que ni la gripe logra detener—, dispuesto a recordarte que los sueños se siembran con paciencia, y que en Tapalpa saben florecer.
Los esperamos en El Monchis, donde cada visita se convierte en una historia por contar.
Así comenzo Chekolandia.
Decadas emprendiendo.
Corrían los años de mil novecientos ochenta y tantos. En Tapalpa apenas se oía hablar de arte contemporáneo y, dicen, sólo había una casa en renta. Paco Padilla fue quien la agarró primero, justo cuando llegó el escultor Ignacio Fernández del Valle, mejor conocido como El Can. La historia empezó con un “ya me la ganaste” y terminó en una amistad que duró décadas.
A partir de ahí comenzaron a caer los primeros artistas al pueblo: el poeta y bohemio Don Robert, muy conocido en cada cantina, guitarra en mano y palabra encendida. Fue esa generación la que inventó el Festival de la Luna, y con el paso del tiempo, ya entrados los dos mil, Tapalpa obtuvo el título de Pueblo Mágico.
En medio de ese torbellino estaba nuestro Cheko, muchacho inquieto que absorbía pláticas, humo de cigarro y sueños de madrugada. Primero artesano, luego empresario-artesano, siempre al pie del cañón, sin soltar el oficio ni aunque el tiempo cambiara de moda.
Hoy, los años han pasado, pero el espíritu de aquel joven sigue intacto: vital, generoso, creador. Un aliado de artistas, un cómplice de la vida, un ejemplo de que se puede reinventar uno las veces que haga falta. Tapalpa necesita más de esos empresarios: bohemios, tercos, luminosos… como Cheko.
Calidad sobre todo.
Cuidado.
Toque artístico.
Negocio con alma
Mejor ubicación
Excelente servicio.
VISITANOS EN TAPALPA, O CONTACTANOS contacto@elmonchis.com
TAPALPA.
Hidalgo 62, Tapalpa, Centro.
JALISCO.